La afectividad, la progresividad del contacto a la caricia, la ética del cuidado fueron el continente que permitió la entrega grupal a vivenciar la sexualidad desde una conmovedora honestidad.

Reconectamos con los disfrutes y placeres cotidianos, con los deseos del hoy.
Vivenciamos la energía erótica que nos habita que es energía cósmica, inteligencia afectiva que enciende el deseo y la alegría de vivir.
En micro-instantes de eternidad, vivenciamos» El Derecho a la Ternura», a merecer, a recibir, a auto-percibir el cuerpo como fuente de placer y comunicación afectivo erótica…. Gracias a las miradas amorosas y gestos que concedieron presencia y confianza durante el trayecto del módulo.
Muchas preguntas se abrieron y con ellas nuevos amaneceres.
Lo que no es, o lo que no pudo ser y a la vez el permiso, la decisión y el cambio de actitud que me lleva a lo que si puede ser.
Como facilitadores anhelamos una cultura que reconozca los derechos humanos universales, ejercidos por personas singulares que requieren respuestas diversas.
Esperamos haber aportado nuestro granito de arena.